Este texto forma parte del booklet "Los Rosarios de la Diosa", de Sandra Román (c) que acompaña a cada uno de estos collares de oración.
Allí se explica el significado de rezar el rosario en la mayoría de las tradiciones espirituales, así como oraciones y modos de rezar a la Diosa.


Para más información, escribir a:

losrostrosdeladiosa@gmail.com

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LOS ROSARIOS DE LA DIOSA :
INTRODUCCIÓN


En los Rosarios de la Diosa el crucifijo ha sido reemplazado por la figura de la Diosa (o un símbolo que La represente) como un modo de devolver a la Madre el lugar que verdaderamente ocupa como Creadora, Dadora y Sustentadora de Vida.
Las religiones patriarcales han priorizado al hijo y han desplazado a la Madre, privándonos de conectarnos con la verdadera Fuente, Fin y Principio donde todo se origina y hacia el cual todo algún día habrá de retornar. Ella no es una mediadora. Ella es la Diosa a quien hemos dado la espalda y pide amorosamente que regresemos a Ella para restaurar la Belleza en nuestras vidas.
Por otro lado, la cruz es un elemento de tortura, no un símbolo de paz. Necesitamos despertar y tomar conciencia del verdadero poder y significado de los símbolos que utilizamos para protegernos y de la energía que invocamos al llevarlos en nuestro cuerpo o al ubicarlos en el interior de nuestros hogares.
Eso no significa desterrar la figura de un Maestro amoroso, quien fue en vida un gran hijo de la Diosa, cuyas principales compañeras fueron mujeres y cuyo sacrificio sirvió en verdad para  devolver la figura de la Madre a la Humanidad, aunque disminuida en Su poder original. Es importante rescatar la validez de este arquetipo masculino positivo, quitando las capas de información tergiversada, con las cuales se fue ocultando la verdadera naturaleza de sus actos.
Un buen modo de honrarlo es no recordarlo por su sufrimiento, sino tratar devolverle algo de la luz que nos ha transmitido, evocándolo de un modo más elevado. Como dicen los versos de Antonio Machado: “¡Oh, no eres tú mi cantar!/ ¡No puedo cantar, ni quiero/a ese Jesús del madero/sino al que anduvo en la mar!”…
La Diosa Madre no necesita del sacrificio de Sus hijas o hijos. Ella desea para nosotras y nosotros lo mejor. Ha creado un hermoso Jardín para que vivamos en él y lo disfrutemos. Y es preciso que lo restauremos, antes que sea demasiado tarde. Ella es el Jardín, es nuestro Paraíso que todas y todos podemos recobrar. Ella es nuestra Madre Tierra y su símbolo está presente en el cuerpo sagrado de todas las mujeres que, a imagen y semejanza de Ella, pueden crear vida y alimentarla de su propia sustancia.
Honrando al cuerpo de la mujer y devolviéndole su dignidad, estamos honrando la Naturaleza Divina y Sagrada de la Madre. Ella merece estar en el mejor lugar: en el centro de nuestros corazones y de nuestras vidas.
Honra a la Diosa a través del rezo. Hónrate a ti.
Eleva tus oraciones al Cielo y bájalas a la Tierra para materializar tus sueños.
Ella así lo quiere.

OTROS MODOS DE REZAR A LA DIOSA

   En mi libro “Los Rostros de la Diosa”, editado por Kier, encontrarás una invocación que puedes utilizar como oración al comienzo de cada capítulo referido a las Diosas representadas en las cartas. En mi segundo libro, “Los Rituales de la Diosa”, de próxima aparición también editado por Kier, encontrarás los colores asociados a cada Diosa, que puedes trasladar a los colores de las cuentas enhebradas en los Rosarios.

“La comunión con lo divino es una experiencia profundamente personal y misteriosa, y las mujeres que hemos entrevistado describen que abrirse a este misterio puede hacerse de maneras muy diversas. Unas rezan en solitario, otras rezan en comunidad. Algunas en voz alta, otras en silencio. Hay quien reza de ambos modos (…) Algunas cantan sus oraciones, otras las bailan, y otras incluso pintan, interpretan o nadan con sus oraciones” (The Feminine Face of God. Sherry Anderson & Patricia Hopkins)

“¿Cómo rezas? Piensa en el modo y la manera como rezas. Incluye en tu definición de oración esos momentos en que te has sentido conmovida por la Divinidad o en contacto con Ella (…) siempre que hayas tenido la sensación de que estabas viviendo un momento sagrado”. (Las Diosas de la Mujer Madura. Jean S. Bolen)