LOS HOMBRES Y LA DIOSA
Por Brian Charles (*)



Ayer, estaba tomando un almuerzo rápido con Monica Sjöö (2), cuando una amiga de ella se sumó a nuestra reunión. Esta amiga me preguntó a qué me dedicaba y yo le respondí, según la costumbre inglesa habitual, contándole de qué manera me ganaba la vida.  Monica me corrigió luego, presentándome como Sacerdote del Templo de la Diosa en Glastonbury.  Esta fue, por lejos, una respuesta mucho más relevante que la mía y empecé a preguntarme por qué yo no había podido decir esto acerca de mí mismo. Tal vez fue porque aún no estaba listo para participar de la conversación que luego se produjo y a la cual, de alguna manera me había anticipado y que comenzó con la observación acerca de que yo soy un hombre que algunas veces se viste como mujer para celebrar ceremonias a la Diosa.
Respondí casi frívolamente que lo mismo hacen los sacerdotes católicos, y recordé que desde tiempos muy antiguos había sucedido lo mismo con los sacerdotes hombres que rendían culto a las diferentes Diosas que fueron honradas en diversos lugares del mundo. Así sucedió desde siempre, hasta que (aunque solo temporalmente) triunfó el patriarcado, en el cual “solo los hombres se visten” y el Hijo ha suplantado su Madre.
Estas respuestas me parecieron demasiado familiares y ensayadas, pero luego quedaron girando y girando dentro de mi cabeza. ¿Es ese el lugar de los hombres en el Movimiento de la Diosa? ¿Hay algún lugar para nosotros dentro de él? ¿Es posible corporizar a la Diosa dentro de un cuerpo masculino? ¿Qué es lo que esto significa? ¿Soy yo otro delgado extremo del límite patriarcal?
Yo no puedo hablar por otros hombres, me resulta difícil, a veces, hasta hablar por mí mismo. Pero yo siento que no hay muchas opciones: la única alternativa que tengo es observar el recorrido de mi propia espiritualidad. 
La Diosa me ha llamado y eso es todo lo que yo sé. La primera vez que pude oírla como una realidad viviente y -no como un fenómeno histórico- recuerdo que mi corazón se elevó. Esto fue hace algunos años atrás, cerca de la revolución en París, cuando los tanques rusos entraban en Praga y los norteamericanos atacaban Vietnam.  El mundo parecía vencido por cambios radicales. Esto fue al mismo tiempo que oí hablar de Avalon y SUPE que Glastonbury sería muy importante en mi vida. Me tomó algunos años más darme cuenta de que Ella me había estado buscando y esperando que dejara atrás todos mis miedos y resistencias. Me di cuenta que el regreso de la Diosa a la conciencia del mundo es el simple cambio radical que es necesario para revertir la aceleración que los patriarcas tienen por producir el divinamente anunciado Apocalipsis.
Yo sabía que tenía un rol que jugar en todo esto. Mi primera respuesta fue el miedo, luego el racionalismo. Me dije a mí mismo –y a otros- que como hombre es mi trabajo sostener a las mujeres y no tomar un papel público. Pero una y otra vez me encontré a mí mismo haciéndolo, al principio simplemente porque yo estaba allí cuando una tarea necesitaba ser hecha. Luego, gradualmente, me fui volviendo más activo y así he llegado al lugar en donde hoy estoy.
Yo soy un Sacerdote de Avalon. He dedicado mi vida al servicio de la Diosa. Su particular rostro, al cual yo sirvo, es la Dama de Avalon y enseño en el programa de entrenamiento de futuros sacerdotes y sacerdotisas. Soy co-fundador del Templo de la Diosa en Glastonbury y soy parte activa en sus ceremonias.  También formo parte de la Glastonbury Goddess Conference.
Nada de esto me ha resultado liviano. La mayor parte del tiempo he sido el único hombre alrededor y me he cuestionado frecuentemente si era correcto para mí estar allí. Hay más de una buena razón por la cual que no debiera estar. Todo lo que yo puedo decir es que cuando mi presencia es inapropiada, simplemente no estoy. No deseo estar donde no soy bienvenido, aunque nunca nadie me lo haya dicho.
Para mí está perfectamente claro que Ella me desea como sacerdote y como instructor. Y yo no sé por qué. Pero he aprendido muy dolorosamente que es muy tonto tratar de vivir de otra manera o seguir cualquier otro camino. Yo amo a la Diosa. Y eso es todo.
El dios o los dioses masculinos no resuenan en mi corazón y Ella sí. Yo no los extraño a ellos porque nunca he sentido su presencia como siento en mi vida la presencia de la Dama de Avalon. Tal vez algún día esto puede cambiar, pero aún contemplando esa posibilidad, yo sé adónde pertenezco.
He sido llamado como hombre y la sirvo a Ella como un hombre. Ella me ha llamado tal como yo soy, con mis heridas, mis incertidumbres, mis necesidades y deseos. Y Ella me ha mostrado que todo esto son en realidad mis fortalezas. Cuando finalmente me dediqué a Ella, supe que toda mi vida anterior no había sido más que un mero preludio, una preparación.
Siento a la Diosa dentro de mí tanto como fuera, en todo a mi alrededor. Ella cambia todo lo que toca y todo lo que toca cambia. Esta es una excitante y a la vez aterradora manera de vivir. Como hombre, como ser humano, sé que soy un niño único de la Diosa, con mi propio rol que desempeñar en este tiempo. Hay muchas maneras de servirla, este es el más grande placer y nadie puede decir qué está bien y qué está mal. Grupos exclusivos de mujeres, grupos exclusivos de hombres, grupos en los cuales el sexo está menos definido y otros donde están incluidos todos los sexos y géneros sin hacer ninguna distinción. Todos somos diversos porque Ella es diversa. Y es en la diversidad donde nos hacemos fuertes.

Bendiciones!

(*) Brian Charles
brian@net-impact.co.uk
Brian es Sacerdote de Avalon, iniciado en Glastonbury, Inglaterra, en 2001. Se desempeñó como co-entrenador del programa para la iniciación de Sacerdotisas y Sacerdotes de la Diosa, activo ceremonialista en la Goddess Conference y miembro del Templo de la Diosa en Glastonbury. Es un experimentado counsellor y en la actualidad se encuentra dictando el Primer Año de Entrenamiento de Sacerdotes y Sacerdotisas en Budapest, Hungría.
Este artículo fué escrito en el año 2005, algunos meses antes de que Monica Sjöö dejara su encarnación en la Tierra. Mónica se definía a sí misma como una “eco-bruja” del movimiento de la Diosa. Nacida en Suecia, residió muchos años en Inglaterra. Autora junto a Bárbara Mör de “La Gran Madre Cósmica. Redescubriendo la Religión de la Tierra”, entre muchas otras importantes obras.
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